sábado, 5 de marzo de 2011

Una lección...


Max es un perrito que mi Padre conoció, y como sabe de mi interés por los animales no humanos me habló de él y me contó su historia, luego de ésto no veía la hora de poder conocerlo. Al parecer a este pequeño principito un carro lo atropelló, causándole un grave daño en su patita delantera izquierda; cuentan que recibió atención médica, pero que al parecer era muy costoso el procedimiento y hubo que dejarlo con su patita prácticamente inservible. Todo indica que su tendón se rompió y/o que su patita se dislocó y no fue acomodada a tiempo. Desde ese día este pequeño guerrero de dos años edad (le calculo como máximo) vive y lucha a pesar de su condición.

A ¿Que condición me refiero?, él vive en zona rural, y su dueño tuvo que cambiarse de domicilio en el mismo pueblo, así que Max se siente mejor en el antiguo sector de la persona encargada de él. Por esto, recorre grandes distancias y una avenida donde pasan constantemente vehículos de carga pesada y de pasajeros a todas horas para llegar a su antiguo barrio y allí pasar gran parte del día. La gente lo conoce y en una tienda le regalan pan. En términos del encantador de perros, Max es un perro balanceado, pues todos las/os demás perritos de la cuadra son muy ruidosos y hasta cansones. En noches de lluvia con truenos es cuando Max ladra, en situaciones así u otras que de verdad lo requieran de resto anda tranquilo sonriendo por ahí.


Pues bien, cuando lo conocí no sé como describir lo que sentí. Era inevitable sentir lástima, y dolor por él... en un momentito de silencio le pedí perdón por aquél humano que despiadadamente le hizo daño. Fuí comprendiendo que mi lástima no era necesaria, ya que un valiente guerrero como él no la requería, no la merecía! Mientras tanto lo veía echado tranquilamente tratando de conciliar el sueño.... millones de cosas pasaban por mi mente en esa pequeña fracción de tiempo.


Aprendí tanto viendo la forma en que aprendió a lidiar con su situación, saltando en sus tres patitas recorre la cuadra, atraviesa la avenida llena de camiones, hace amigos humanos y no humanos, se gana el respeto de los demás y lucha: con fuerza, con valentía; sin sentirse menos que nadie.


Viendo la profundidad de sus ojos y sus orejitas suaves que se mueven al ritmo de sus patitas, tan solo con su colita que se batía feliz, su naricita café, y ese aferrarse a la vida me lo dijo todo... así fue que aprendí que hay que guerrear con la fuerza del corazón; sin que él tuviese que enseñarme o decirme media palabra....




0 comentarios: